¡ESTOY EN CRISIS! ¡DE SEXO!
Me abandono como se abandona a un perro, solo dijo -no quiero romper mi familia por ti y cada tarde te cojo más cariño. Yo nunca la pedí que me quisiera, me tiro como dejan a los viejos en las gasolineras. Tengo secuelas por su abandono, esta semana no pude consolar a una viuda que su marido murió hace seis años, cuando decide que se va acostar con el segundo hombre de su vida, ¡no pude! al decirme que quería todavía a su marido muerto con ¡locura!. Solo fui capaz de cogerle la mano con mis dos manos y desearla suerte ¡y escape!. La casada infiel me ha dejado jodido, ya no puedo consolar corazones heridos ni viudas decididas. Creo que he asesinado mis sentimientos y ahorcado mi deseo sexual....La casada antes de tirarme al asfalto me regalo una Canon 400, con un montón de tele-objetivos y tarjetas de memoria, imagino que imaginara que con esto paga mis sentimientos.
Solo la he usado una vez, fue con la mujer de la foto y creo que he suicidado mis ganas de hacer más fotos, solo he dejado esta las demás las he borrado ¿por que? seguir leyendo...
Me ligo ella para que nos vamos a engañar, una mujer como tantas otras y solo note que tenia los brazos muy delgados, nos fuimos a su apartamento y pronto me quede desnudo por mi facilidad para quedarme en pelotas, sabia que no era un cuerpo diez pero eso a mi nunca me afecta. Pero juro que me quede impresionado cuando fui desnudandola y sacándola fotos, solo eran huesos sin apenas carne. Ver sus costillas me produjo una bajada del sexo, me mato con sus huesos, me bajo el empalme como baja la marea, ver los huesos de su pubis me nublo la mente. La dije -no puedo follarte lo siento - me vestí y la deje llorando mientras me iba. No fui hombre e hice daño a una mujer.
En mi locura de sexo y crisis, caí en los bajos fondos del placer, encontrándome por circunstancias nocturnas en una bacanal, con ese aire y ese olor especial que solo conocen los que han estado en ellas, colchones por el suelo, rincones cubiertos por cuerpos y yo paseando y mirando. Como loco suelto que habla solo en la ciudad, mirando la depravación del sexo, mujeres, hombres en una madeja de sudor, caricias, penetraciones, mamadas, masturbaciones. Pasee desnudo hasta que sentí una mano que me paraba posada en mi pierna, acerque mi polla a su boca y me la empezó a chupar, la estaba penetrando un chaval joven. Era mayor, los ojos pequeños y arrugas en su cara, sus labios y uñas pintadas de negro, aparte su boca de mi pene dejándome un rastro de saliba y carmín negro. Me lave y me fui herido como un animal que deja su rastro de sangre por las calles de Madrid.
En mi desesperación ciclica sexual, llame a mis amigas bisexuales con las que tanto placer he compartido, explicándoles mi crisis y diciéndolas que necesitaba una terapia de sexo con ellas, para mi pronta recuperación. La respuesta de mi amiga "Sex Dinamita" me hizo daño - cuando nos apetezca un hombre te llamamos, ahora estamos muy satisfechas, si se acaban las pilas del vibrador te damos un toque. Sus palabras me convirtieron en un obús sin carga y en el asfalto busque enamorarme. Pero no pude ¡ni pagando! comprar sexo, las mejores con los tatuajes más hermosos que podáis imaginar, con los cuerpos más eróticos y las proposiciones más cerdas de sexo, mi mente bloqueada. No pude, no me excitaron, no me atraparon sus pechos de silicona, sus culos respingones, sus ropas de putas. Muero aunque no lo creáis, de esta no levanto cabeza por que lo que escriba al final de esto se llama envidia, algo que no sentía hace años.
Y llame a la otra, la que saco en las fotos mezcladas con la casada y su respuesta fue...
¡La nada!, por que no me contesta, me ignora en este mundo egoísta de mujeres despechadas contra mi. Empezare de nuevo si sobrevivo, pero la otra noche cenando en el Bar Sin Nombre, me fije en la tele y de repente me quede hipnotizado. Estaban echando un documental y aparecía un hombre de entre 25 y 30 años, tirado en el monte jugaba con lobos, su cara aparecía arañada y mordida, él les mordía y lamia, los lobos hacían lo mismo con él, era uno mas en la manada, le veía dormir con ellos y hacia que comía como ellos. Pili, la camarera que quiero que me deje en paz, me golpeo en la espalda gritando - se te va a enfriar ¡cena ya! -, me saco de mi hipnosis y por primera vez en años sentí ¡ENVIDIA!, de ese hombre que vive con los lobos.









